miércoles, 1 de mayo de 2024



La nutrición en la infancia y adolescencia constituye una de las tareas primordiales de los pediatras. Tanto es así, que dentro del ámbito de sus responsabilidades en la Atención Primaria o Especializada, son ellos quienes deben promover la lactancia materna, vigilar y fomentar la alimentación saludable y, finalmente, establecer las técnicas de nutrición más apropiadas para contribuir a mejorar la calidad de vida del niño y del adolescente. 



Un estado nutricional adecuado es esencial para mantener la salud y desarrollar el potencial de crecimiento del niño.
 La valoración del estado nutricional tiene como objetivo cuantificar los depósitos energéticos y proteicos del organismo, para determinar la presencia o riesgo de malnutrición por defecto (desnutrición) o por exceso (obesidad) y poder prevenirlas o tratarlas en los casos en que sea necesario.
Para la valoración del estado nutricional existen diversos niveles de complejidad. Iniciaremos la valoración por la historia clínica y la exploración física, centrándola en los aspectos relacionados con el estado nutricional. La antropometría es básica para catalogar el estado nutricional del paciente y nos permite una estimación de la composición corporal mediante la medición de pliegues y perímetros.
Historia clínica: Una correcta historia clínica es clave para un correcto enfoque de la valoración del estado nutricional, ya que nos permitirá detectar situaciones de riesgo nutricional y sus posibles causas.
Exploración física: Dirigida a valorar globalmente el estado nutricional y a detectar signos o síntomas orientativos de situaciones carenciales. La inspección del paciente pediátrico aporta mucha información sobre la constitución, el estado nutricional y la presencia de signos de organicidad. En los niños mayores se debe incluir el estadio de desarrollo.
Método antropométrico: Las medidas antropométricas son un conjunto de mediciones corporales que permiten valorar el estado nutricional del paciente.
Peso: El peso es la medida de la masa total de un individuo. Es un dato accesible para el seguimiento del paciente, pero tiene un valor limitado de forma aislada, se afecta con la ingesta, el grado de hidratación, las masas o las colecciones anómalas, y debemos interpretarlo en correlación con otras medidas como la talla o la proporción de tejido graso y magro. En lactantes y niños que no han conseguido bipedestación se realizará en balanza pesabebés y en niños que se mantienen en bipedestación, en báscula 
Perímetros: Para su medición se utiliza una cinta métrica no extensible. Tienen diferente utilidad según la parte del cuerpo medida. 
Perímetro cefálico: relacionado estrechamente con el crecimiento cerebral. Se debe medir en todos los menores de 2 años, pasando la cinta métrica a nivel frontal por la glabela y los arcos supraciliares y, en la parte posterior, por el área más prominente del occipucio. 
Perímetro braquial: aporta información tanto del compartimento graso como muscular del brazo, por lo que es de gran utilidad junto con la medida de los pliegues cutáneos. También se utiliza de forma aislada, en países en vías de desarrollo, como cribado para identificar desnutrición. Se mide en el brazo no dominante en el punto medio entre acromion y olécranon, sin comprimir los tejidos con la cinta. ‹ Perímetro de cintura: valora indirectamente la grasa a nivel abdominal, y es, a nivel individual, el mejor predictor de la grasa visceral en niños y adolescentes. Tiene además buena correlación con la resistencia insulínica y los factores de riesgo asociados a ella. 



Ahora que ya se tiene conocimiento de cómo se evalúa el estado nutricional de los infantes empezaremos de lleno con lo que es la nutrición durante el embarazo y posteriormente después de la culminación del mismo haciendo énfasis en la lactancia materna y la alimentación complementaria.

Alimentación de la mujer antes del nacimiento y durante la lactancia.

Existe una estrecha relación entre el grado de salud de la madre y el desarrollo y la salud de su hijo. Por ello, una adecuada nutrición de la mujer durante el periodo preconcepcional, el embarazo y la lactancia es esencial. Un estado nutricional inadecuado durante el embarazo puede asociarse con resultados adversos. Posteriormente, en la lactancia, las necesidades de nutrientes se incrementan en mayor medida que en el embarazo.

La gestación es una etapa anabólica en la que se sintetizan tejidos nuevos, lo que se traduce en un aumento progresivo de peso. El feto, la placenta y el líquido amniótico condicionan la mayoría del peso ganado, mientras que otra parte muy importante se debe al aumento de la reserva de grasa materna con el objetivo de asegurar la lactancia.

En general, ganancia de peso de 0,5-2 kg durante el primer trimestre y después entre 0,25 kg/semana (sobrepeso y obesidad) y 0,5 kg/semana (bajo peso y normopeso).

Ingesta de nutrientes

En la siguiente tabla se muestran el número de raciones diarias de alimentos recomendado para mujeres embarazadas y lactantes:


Macronutrientes:
 Proteínas (12-15% del total calórico). Los requerimientos medios de proteínas en el embarazo ascienden a 1,2-1,5 g/kg/día.  
Carbohidratos (50-60% del total calórico). Son la principal fuente de energía para el feto. Los requerimientos de carbohidratos aumentan a 175 g/día en el embarazo, en comparación con los 130 g/día en mujeres no embarazadas. Se recomienda consumir varias porciones de alimentos integrales; deben minimizarse los carbohidratos altamente procesados y los azúcares añadidos deberían suponer <10% del total de energía diaria. 
 Se recomienda una ingesta de fibra de 28 g/día. 
 Grasas (20-35% del total calórico). Es necesario reducir el contenido de grasa de la dieta para evitar problemas gastrointestinales
Micronutrientes:
 Hierro. El hierro es necesario tanto para el desarrollo fetoplacentario como para incrementar el volumen de glóbulos rojos materno. Su absorción intestinal aumenta un 40% durante la gestación. Aun así, se recomienda un incremento en el consumo de hierro en aproximadamente 15 mg/día (hasta 30 mg/día) durante el embarazo.
 Calcio y vitamina D. 
 Calcio. La absorción intestinal y la retención renal de calcio aumentan progresivamente a lo largo de la gestación, por lo que no se recomienda su suplementación en mujeres con ingestas adecuadas.
 La ingesta de suplementos en mujeres con ingestas insuficientes es de (<600 mg/día) o alto riesgo de preeclampsia. La dosis recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 1,5- 2 g/día (dividida en 3 dosis) desde la semana 20 hasta el final del embarazo.
 Los niveles de vitamina D dependen sobre todo de la exposición solar y, en segundo lugar, del consumo de suplementos y alimentos fortificados. Si la síntesis cutánea es mínima y el consumo de alimentos fortificados no asegura una ingesta óptima (600 UI/día) 
 Zinc. Su déficit se asocia a un aumento de la morbilidad materna y fetal (menor crecimiento, malformaciones, prematuridad) así como complicaciones en el embarazo y el parto. Por ello, debe incrementarse su ingesta durante la gestación, teniendo en cuenta que el hierro, la fibra. la ingesta diaria recomendada de 450 mg
Ácido fólico y vitamina B12. El folato es crítico para el cierre del tubo neural durante las primeras semanas de gestación. Se recomienda como profilaxis universal un suplemento de ácido fólico que contenga 0,4-0,6 mg/día durante 1-3 meses previos al inicio de la gestación y hasta 12 semanas después de la concepción, para reducir el riesgo de defectos del tubo neural.



La nutrición en la infancia y adolescencia constituye una de las tareas primordiales de los pediatras. Tanto es así, que dentro del ámbito d...