La nutrición en la infancia y adolescencia constituye una de las tareas primordiales de los pediatras. Tanto es así, que dentro del ámbito de sus responsabilidades en la Atención Primaria o Especializada, son ellos quienes deben promover la lactancia materna, vigilar y fomentar la alimentación saludable y, finalmente, establecer las técnicas de nutrición más apropiadas para contribuir a mejorar la calidad de vida del
niño y del adolescente.
Un estado nutricional adecuado es esencial para
mantener la salud y desarrollar el potencial de crecimiento del niño.
La valoración del estado nutricional tiene como objetivo cuantificar los depósitos
energéticos y proteicos del organismo, para determinar la presencia o riesgo de malnutrición por defecto
(desnutrición) o por exceso (obesidad) y poder prevenirlas o tratarlas en los casos en que sea necesario.
Para la valoración del estado nutricional existen diversos niveles de complejidad.
Iniciaremos la valoración por la historia clínica y la
exploración física, centrándola en los aspectos relacionados con el estado nutricional. La antropometría es básica para
catalogar el estado nutricional del paciente y nos permite una estimación de la composición corporal mediante la medición de pliegues y perímetros.
Historia clínica: Una correcta historia clínica es clave para un correcto enfoque de la valoración del estado nutricional, ya que nos permitirá detectar situaciones de riesgo
nutricional y sus posibles causas.
Exploración física: Dirigida a valorar globalmente el estado nutricional y a detectar signos o síntomas orientativos de situaciones carenciales. La inspección del paciente pediátrico
aporta mucha información sobre la constitución, el estado nutricional y la presencia de signos de organicidad. En los
niños mayores se debe incluir el estadio de desarrollo.
Método antropométrico: Las medidas antropométricas son un conjunto de
mediciones corporales que permiten valorar el estado nutricional del paciente.
Peso: El peso es la medida de la masa total de un individuo. Es un dato accesible para el seguimiento del paciente, pero tiene un valor limitado de forma aislada,
se afecta con la ingesta, el grado de hidratación, las
masas o las colecciones anómalas, y debemos interpretarlo en correlación con otras medidas como la
talla o la proporción de tejido graso y magro. En lactantes y niños que no han conseguido bipedestación
se realizará en balanza pesabebés y en niños que se
mantienen en bipedestación, en báscula
Perímetros: Para su medición se utiliza una cinta métrica no extensible. Tienen diferente utilidad según la parte del
cuerpo medida.
Perímetro cefálico: relacionado estrechamente
con el crecimiento cerebral. Se debe medir en
todos los menores de 2 años, pasando la cinta
métrica a nivel frontal por la glabela y los arcos
supraciliares y, en la parte posterior, por el área
más prominente del occipucio.
Perímetro braquial: aporta información tanto
del compartimento graso como muscular del
brazo, por lo que es de gran utilidad junto con
la medida de los pliegues cutáneos. También
se utiliza de forma aislada, en países en vías de
desarrollo, como cribado para identificar desnutrición. Se mide en el brazo no dominante en
el punto medio entre acromion y olécranon, sin
comprimir los tejidos con la cinta.
Perímetro de cintura: valora indirectamente la
grasa a nivel abdominal, y es, a nivel individual,
el mejor predictor de la grasa visceral en niños y
adolescentes. Tiene además buena correlación
con la resistencia insulínica y los factores de
riesgo asociados a ella.
Ahora que ya se tiene conocimiento de cómo se evalúa el estado nutricional de los infantes empezaremos de lleno con lo que es la nutrición durante el embarazo y posteriormente después de la culminación del mismo haciendo énfasis en la lactancia materna y la alimentación complementaria.
Alimentación
de la mujer antes
del nacimiento y
durante la lactancia.
Existe una estrecha relación entre el grado de salud
de la madre y el desarrollo y la salud de su hijo. Por
ello, una adecuada nutrición de la mujer durante el periodo preconcepcional, el embarazo y la lactancia es
esencial. Un estado nutricional inadecuado durante
el embarazo puede asociarse con resultados adversos. Posteriormente, en la lactancia, las necesidades
de nutrientes se incrementan en mayor medida que
en el embarazo.
La gestación es una etapa anabólica en la que se
sintetizan tejidos nuevos, lo que se traduce en un aumento progresivo de peso. El feto, la placenta y el
líquido amniótico condicionan la mayoría del peso
ganado, mientras que otra parte muy importante se
debe al aumento de la reserva de grasa materna con
el objetivo de asegurar la lactancia.
En general, ganancia de peso de 0,5-2 kg durante
el primer trimestre y después entre 0,25 kg/semana (sobrepeso y obesidad) y 0,5 kg/semana (bajo
peso y normopeso).
Ingesta de nutrientes
En la siguiente tabla se muestran el número de raciones diarias de alimentos recomendado para mujeres embarazadas y lactantes:
Macronutrientes:
Proteínas (12-15% del total calórico). Los requerimientos
medios de proteínas en el embarazo ascienden
a 1,2-1,5 g/kg/día.
Carbohidratos (50-60% del total calórico). Son la
principal fuente de energía para el feto. Los requerimientos de carbohidratos aumentan a 175
g/día en el embarazo, en comparación con los
130 g/día en mujeres no embarazadas. Se recomienda consumir varias porciones de alimentos
integrales; deben minimizarse los carbohidratos
altamente procesados y los azúcares añadidos
deberían suponer <10% del total de energía diaria.
Se recomienda una ingesta de fibra de 28 g/día.
Grasas (20-35% del total calórico). Es necesario
reducir el contenido de grasa de la dieta para
evitar problemas gastrointestinales
Micronutrientes:
Hierro. El hierro es necesario tanto para el desarrollo fetoplacentario como para incrementar el
volumen de glóbulos rojos materno. Su absorción intestinal aumenta un 40% durante la gestación. Aun así, se recomienda un incremento
en el consumo de hierro en aproximadamente
15 mg/día (hasta 30 mg/día) durante el embarazo.
Calcio y vitamina D.
Calcio. La absorción intestinal y la retención
renal de calcio aumentan progresivamente a lo
largo de la gestación, por lo que no se recomienda su suplementación en mujeres con ingestas
adecuadas.
La
ingesta de suplementos en mujeres con ingestas insuficientes es de (<600 mg/día) o alto riesgo de
preeclampsia. La dosis recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de 1,5-
2 g/día (dividida en 3 dosis) desde la semana 20
hasta el final del embarazo.
Los niveles de vitamina D dependen sobre todo
de la exposición solar y, en segundo lugar, del
consumo de suplementos y alimentos fortificados. Si la síntesis cutánea es mínima y el
consumo de alimentos fortificados no asegura
una ingesta óptima (600 UI/día)
Zinc. Su déficit se asocia a un aumento de la
morbilidad materna y fetal (menor crecimiento,
malformaciones, prematuridad) así como complicaciones en el embarazo y el parto. Por ello,
debe incrementarse su ingesta durante la gestación, teniendo en cuenta que el hierro, la fibra. la ingesta diaria recomendada de 450
mg
Ácido fólico y vitamina B12. El folato es crítico
para el cierre del tubo neural durante las primeras semanas de gestación. Se recomienda
como profilaxis universal un suplemento de
ácido fólico que contenga 0,4-0,6 mg/día durante 1-3 meses previos al inicio de la gestación y hasta 12 semanas después de la concepción, para reducir el riesgo de defectos
del tubo neural.
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